01 diciembre, 2007

Lugares Difusos Dramatizados

A veces acompañado por la música adecuada o el silencio preciso comienzan a aparecer en mi cabeza recuerdos como imágenes borrosas del pasado, y así a falta de brisa que disperse la niebla y permita ver con claridad, los espacios poco claros son llenados con piezas impregnadas de mi estado de ánimo inmediato; de este modo tal como un dibujo es la dramatización de una imagen retenida en la mente mis recuerdos se vuelven dramatizaciones de los momentos vividos en el pasado.

Es difícil saber cuánto es que he perdido la perspectiva de la realidad, de los momentos vividos, es triste pensar que a veces los recuerdos están tan matizados que pierden lo que los hace valiosos, el que son el reflejo de realidades, certezas que hoy mismo parecen diluídas. ¿De qué me he alimentado todo este tiempo? ¿Son las circunstancias las que me han hecho como soy, o soy el resultado de tendencias naturales e inperceptibles?

22 septiembre, 2006

El evangelio de la gente sola


1) Camino a casa desde asiento veintidós. 2) Un hombre que recibe las migajas de los demás. 3) Pedazo de madera y pedazos de cemento, ambos destrozados. 4) Ser sobre el suelo quebrajado, estático. 5) Un aviso muerto en su utilidad. 6) Lo que alguna vez fue, la sombra del individuo. 7) La promesa de la trascendencia. 8) El ocaso del día. 9) La luz que enceguece a quien osa mirarla de frente. 10) La inercia del día a día sin emoción. 11) Perros: los mejores amigos entre sí. 12) Cuadrados y perspectivas, niveles altos y bajos. 13) La soledad, el juego abandonado. 14) Grito de auxilio, grito desahuciado de quien espera ser acogido. 15) La ciudad desde lo alto, la perspectiva de Dios. 16) El campo que no es más que otra edificación humana. 17) Arte bajo el sol que pierde su forma. 18) Rosas artificiales entre paredes de un hogar artificial. 19) Gente, tan distinta entre sí y tan similares por lo mismo. 20) Acumulación de escombros, escombros con historia y escombros sin ella. 21) Dormir en cualquier parte, lujo perdido. 22) Cartel descuidado, propaganda patética. 23) Voluntad de irse, de dejar lo que no gusta. 24) Perspectiva entre árboles, cemento y pavimento. 25) Conmemoración dolorosa, recuerdo por Carolina Tapia. 26) Seudo ángel dentro del basurero. 27) Temor a la oscuridad, salvaguarda de ella. 28) Perspectiva, carretera y hombres trabajando. 29) Ocasional, inmortalización de un segundo. 30) Descanso interrumpido, contraste entre la vida y lo inerte. 31) Árboles y niebla, lo que se ve y lo que se cree ver. 32) Casa de la cultura, gente apurada, día de nieve (ensueño). 33) Arte de bancas en la nieve, arte sobre la soledad. 34) No cotidiano, imagen derruida en la cima. 35) Escenario común, paisaje indiferente. 36) Colores vivos para una ventana oscura. 37) Perspectiva, atardecer en segundo plano. 38) Perspectiva, Torre Flamenco, posibilidad sugerente de salto. 39) Tramos cortos con paisajes y arte casual. 40) La cama, lugar de descanso y agitación, santuario de nuestro interior.-

20 septiembre, 2006

Asumir

Han pasado muchos años y hoy ya por cansancio más que otra cosa termino asumiendo lo que desde un principio había sido evidente: simplemente hay cosas para las que no estoy hecho. Una especie de obsesión me había mantenido pensando que aunque jamás haya visto a alguien con alas, aunque jamás haya conocido a alguien que haya visto a alguien con alas, aunque no existan pruebas reales de que haya alguien con alas y aunque aquellos con alas alimentan solamente las fantasías e idealizaciones de otros en su imaginación, los ángeles podían existir.

La primera vez que anduve con una chica, cuando iba en octavo más o menos, surgieron en mi cabeza una serie de preguntas que no tenían que ver con qué tan preparado estaba para una relación de pololeo, sino más bien con el hecho de si era posible conectarse con alguien totalmente ajeno a mí. Al mismo tiempo en que aparecían esas peguntas aparecía también la respuesta: no había posibilidad alguna, pero por esa obsesión que mencionaba antes siempre creí que aunque la respuesta a las preguntas fuera evidente, podría alcanzar una verdad oculta más allá y que sería posible que cohabitaran en armonía dos especies diferentes en este planeta que lleva mi nombre. Sin embargo, la realidad con toda su evidencia demostró, como un ejercicio matemático en una pizarra, que esas pretensiones eran sólo enfermizas fantasías.

Así pasaron muchos años de búsqueda y lucha, doce o trece más o menos, donde la realidad demostraba sin variables que soy una persona que no está hecha para enamorarse y todo eso que sale en las novelas. Que en mi caso los finales felices no son junto a otra persona sino más bien en armonía o conformidad conmigo mismo. A esta altura de mi vida asumo esta realidad como algo intrínseco, aunque me molesta pensar en lo estúpido que fui creyendo en quimeras, en los años que he perdido tratando de demostrar que no hay verdades inapelables, en lo estúpido que fui cuando creí que por fin había logrado lo que evidentemente era imposible, fue lamentable caminar de la mano con aquella chica hacia la luz y cuando pensé que por fin había llegado a la superficie darme cuenta que todo se había convertido en piedra.

Esos años que perdí dejaron un vacío muy grande en mi interior, fueron más o menos trece años donde no hubo un crecimiento sino más bien un estancamiento por porfía. No sé realmente qué clase de persona soy a los veintiséis años. Sólo sé que en un momento llegó el tiempo de asumir la realidad y desde ese punto hay un futuro incierto, además ya no estoy en edad de pensar en tonteras como volverlo a intentar. No sé con qué llenar ese vacío que quedó, siempre creí que lo fundamental era conocer a aquella persona idónea para estar conmigo y proyectarme con ella hacia el futuro, pero eso ya no es una posibilidad dado que no estoy hecho para eso.

Supongo que lo que queda es vivir mi propia realidad en silencio sin llamar mucho la atención.

07 agosto, 2006

La cama, el cielo y el suelo

La cama: Sábanas, una almohada, una funda, un almohadón, cabecera de madera, sábanas calipso, frazadas, un plumón y un cobertor, algo de ropa sobre él.

A veces me encuentro dentro de mi habitación en silencio, tendido en la cama con una mirada que no busca nada y no pretende buscar, un lapso donde nada me llama y nada me despide, es lo que algunos definen como un momento sin tiempo. En este instante atemporal dejo de pensar y sólo me limito a escuchar pasivamente los sonidos dentro de mi mente. Escucho entonces las demandas, las disculpas, la angustia, el temor, el deseo, y todo lo demás. Todo aquello en su forma inicial, el tiempo cero de mis reacciones.

El cielo: Blanco, añoso, desgastado, una ampolleta al centro, sin pantallas, sin candelabros. Manchas de humedad y manchas del tiempo en él.

Me levanto de la cama, frente al espejo echo agua sobre mi rostro, tomo todo lo que sea útil y salgo de casa. Y si en el jardín la hierba está crecida está la espada para cortarla, y si mis pasos son lentos y cansados entonces puedo volar, y si contra mí se vuelve toda el agua del mar pues puedo congelarla. Ya no soy yo, sino todas las virtudes y perversidades que aparecen dentro cuando las nubes cubren el cielo. Cuando las nubes cubren el cielo una flecha de luz o de sombra despeja la luna o el sol.

Y el suelo: Destruido por el tiempo, camuflado, alfombrado gris y desgastado, espacios invisibles, todo está sobre él.

Pero despierto de las ilusiones, vuelvo a ser yo y ya no es una flecha de luz o de sombra, la virtud y la perversidad se tornan mínimas y si la hierba está crecida ya no está la espada para cortarla, sino sólo mis manos desnudas. Y vuelvo a ser yo destruyéndome con el tiempo, alfombrando de gris mis anhelos y ambiciones, exiliándolos a lo invisible. El hombre que soy yace en una cama, creyendo que es capaz de salir de casa pero siendo incapaz de realizarse más allá de delirios y quimeras.-

24 julio, 2006

La Cultura del Mal Gusto.

Caminando por las calles de Copiapó podemos notar un fenómeno que podríamos denominar “La Cultura del Mal Gusto”, un afán por hacer que las cosas que podrían verse bien terminen viéndose mal, así de simple. Esta cultura se extiende de lo más pequeño a lo más visible y en los más diversos escenarios. Podríamos mencionar desde los famosos “Tag” hasta esos gigantescos carteles de empresas privadas y públicas. Desde ese gusto por el peto ajustado mostrando el rollo hasta ese paletó café con parches en los codos estilo Marcos López.

Para no escribir un libro sólo me referiré a la cultura del mal gusto en los espacios urbanos, aquellos lugares por donde siempre pasamos o tal vez vivimos.

¡Yo estuve aquí!

Algo muy popular hoy en día es el Tag. Para quienes no conocen el concepto este viene del inglés y tiene que ver con marcas o firmas que se colocan expresando identificación. La cultura del mal gusto se manifiesta aquí en el sentido estéril que tiene la marca en sí misma, líneas curvas y quebradas que no dicen nada o si lo dicen no se entiende. Otra característica de estas marcas es que se colocan en los lugares más diversos e insólitos por lo que tampoco se les puede atribuir la característica de expresión rupturista hacia el sistema o algo así. El Tag entonces se muestra simplemente como un grito inseguro, en voz baja diciendo “yo estuve aquí” dando lo mismo si ese “yo” tiene nombre o no.

Ahora esta expresión no es nueva, antes el Tag tenía otras formas. Clásicos son los GB (Garra Blanca) o JJCC. (Juventudes Comunistas) esta última que se prestaba para tallas como “Juanita juega con… Carlos” u otras de más grueso calibre; expresiones que quizás signifiquen mucho para quien las hace, pero que desde el punto de vista del mensaje son sumamente pobres, a ojos de quien las ve son estériles, sin propósito, sin destino, sólo una fea mancha en esa catedral, en ese muro blanco, en ese espacio que no es culpable de nada. Si hacemos comparaciones hasta un insulto escrito con spray tiene más valor que un Tag, un insulto muestra una actitud, un grado de violencia o descontento, el Tag ni siquiera es capaz de mostrar eso.

¡No se lo pierda!

El Cartel o Afiche socioculturalmente es importante, muestra aspectos del momento actual de las sociedades. En este sentido podemos recordar carteles como los del Tío Sam invitando a servir a la patria, los carteles taurinos españoles o los de la revolución cultural china. Con fines comerciales tenemos los de Coca-Cola, McDonals, etc. Con un sentido local están los de Circos, Artistas que tocan el día tanto, Gran Completada Gran, y demás. El cartel intenta llegar a la mayor cantidad de personas en un mercado o sector determinado, por eso tiene la característica de representar grupos de personas y momentos particulares.

En este contexto el mal gusto se manifiesta en el poco cuidado con que se usa el medio del Cartel en Copiapó, es típico ver el mismo cartel repetido decenas de veces en el mismo muro y es típico ver que generalmente éstos se colocan donde precisamente antes habían otros carteles; el resultado es que después de un tiempo el desgaste y el ataque de la gente que tiene la costumbre de destruir todo lo que ve producen una mezcla de carteles donde no se entiende nada, un desorden molesto, suciedad visual.

Como ejemplo están los muros donde hacen feria los días jueves, en Copayapu a la altura del estadio veremos carteles de Bachelet con los del Circo Rodas y Nelson de la Rosa, el hombre más pequeño del mundo, un Juntos Podemos y un remolino que toca la cabeza de un Leal Diputado con su boca tapada por un aviso juntavecinal de Bingo a las 19:00 hrs. a beneficio de Stevencito, y para darle el toque sofisticado infaltables son las invitaciones al crecimiento espiritual de la Nueva Acrópolis. Todo mezclado, revuelto.

Estas son las características del cartelismo en Copiapó, muros asesinados por papeles rasgados, frases ininteligibles, colores mareadores, caras varias, es decir: una imagen fea, de mal gusto.

¡Somos lo mejor!

Lo anterior nos hace pensar en una falta de cultura de los copiapinos pero ojo, decir esto es un pecado mortal ya que no es imputable sólo a nosotros esta falta de criterio, la cultura del mal gusto es una realidad nacional y transversal.

Las remodelaciones en la alameda ciertamente son un avance en el embellecimiento de espacios públicos en Copiapó, sin embargo dicho avance se ve truncado por una cultura pública del mal gusto con un cartel gigante del MINVU diciendo “Para que usted viva mejor el Gobierno de Chile bla bla bla” es decir, cosas que a nadie le importan y que a ojos de un turista resultan bastante molestas al momento de tomar una fotografía de esa hermosa plaza, esa bella avenida, ese interesante monumento, etc.

La cultura pública del mal gusto se muestra también en la mano de pintura psicodélica dada a las escuelas municipalizadas. Al pasar frente a una escuela pública procure detenerse en la esquina y cerrar sus ojos por un minuto antes de cruzar, si cursa inmediatamente el encandilamiento que producen los colores chillones de las paredes de la escuela harán que no vea los vehículos que circulan por la calle y quizás uno lo mate.

Por otro lado, qué podríamos decir de las viviendas sociales. Conocidas son las “Casas Chubbi” no por nada les dicen así, también cabe citar las casas del Palomar, todas iguales, todas iguales y todas iguales, anda a encontrar tu propia casa por la noche. Y en otras comunas no faltan los creativos que pintan una cuadra azul, otra blanca y otra roja para que de lejos parezcan una bandera chilena. La cultura del mal gusto llega a su máxima expresión en el mundillo del Gobierno.

En lo privado también existe esta cultura malgustista. Imagine que va por la carretera y de pronto un paisaje campestre aparece, unos animales pastando, unas casas rurales, unas plantaciones de uva y cuando se dispone a sacar una foto un incoherente cuadrado rojo con ojos de varios metros le dice que Copec es la mejor en Servicio, un Sergio Lagos gigante le recordará la Liquidación de Falabella, o una compañía de seguros dirá que se preocupan por usted. Si se pone a leer estas gigantografías lo más probable es que tenga un accidente. Otro muestra de esta cultura malgustista privada es algo que se pone de moda y a veces desaparece pero vuelve a aparecer, me refiero a los “chicos cartel” aquellos que intentando no mirar a nadie visten un cartón piedra en su pecho y espalda anunciando que el kilo de guachalomo está con 20% de descuento o que el viernes es el día del pescado o de la verdura, etc. Al ver a estos chicos nadie piensa ¡Oh, que buena noticia! tenemos la tendencia a pensar en lo denigrante que resulta la escena.

Podríamos decir entonces que lo público y lo privado confabulan para que todos nos pongamos una mano en la frente y digamos al unísono “¡Cómo cresta!”

En fin, mucho podríamos decir de la cultura del mal gusto, pensemos en el caballero que cierra el terreno con calaminas, en la señora que cuelga la ropa mirando para la calle, en el perro con ropa, el graffiti que no dice nada. En realidad es un complejo y quizás eterno etc.

El “mal gusto” no es “lo que no me gusta”, el mal gusto es lo descuidado, lo que rompe el sentido y los propósitos, lo que insulta el esfuerzo de hacer las cosas con cierta belleza y cuidado, el mal gusto es lo que nos hace pensar que nos queda un camino muy largo que recorrer para mostrar con total orgullo nuestra cultura al mundo.-

18 julio, 2006

Siniestro

Siempre tuve curiosidad sobre por qué a los incendios en los noticiarios de TV y diarios les llaman Siniestros. Pues bien, hace unas dos semanas uno de estos “siniestros” afectó la cuadra donde vivo. Como buen chileno me dirigí al lugar de los hechos para tomar registros. Al llegar allá pude ser testigo de un conjunto de situaciones que me permitieron hacerme una idea más o menos acabada del por qué del mencionado vocablo.

A eso de las 16:00 horas del día domingo 2 de julio, la televisión y todo artefacto eléctrico dejó de funcionar súbitamente, cuando me dispuse a hacer el ritual de salir al jardín a ver el medidor eléctrico uno de mis vecinos me dice que han cortado la luz por el incendio, ¿Cuál? dije yo, “¡ese incendio!” respondió mi vecino; para mi sorpresa una gran columna de humo se proyectaba unos 50 metros tras el patio de mi casa. En un día domingo sin electricidad no son muchas las cosas que se pueden hacer, por lo que tomé una cámara y fui a sacar un par de fotografías del hecho. Cuando sacaba la cuarta fotografía noté que algo extraño pasaba, en la misma actitud contemplativa que nosotros los curiosos estaban los bomberos, bien vestidos con sus chaquetas especiales, sus cascos y guantes y sin hacer absolutamente nada. Un señor que tuvo la misma impresión que yo se acercó a uno de ellos y le preguntó: ¿Por qué no hace algo? –No tenemos agua, fue la respuesta. En ese instante sólo cerré mis ojos y puse mi mano derecha en mi frente en actitud de “cómo diablos…”

El incendio tuvo lugar en un terreno con forma de cuadrilátero, al lado izquierdo había unas casas y era donde con mayor intensidad atacaban las llamas, al lado derecho había una especie de separación de terrenos de árboles y arbustos. En algún momento sin que nadie lo notara (me imagino) el lado derecho comenzó a encenderse tímidamente, pasado unos 15 minutos la cosa ya tomaba aires amenazante por lo cual uno de los curiosos se acercó a otro bombero y le dijo (con aires de dominio del vocabulario técnico): “Hey, sabes que allá comenzó un nuevo foco y puede combustionar las inmediaciones” el bombero le dijo: “¡Ah, sí, sí!” y corrió donde un superior; pensamos que el bombero tras la noticia iba a hablar con su jefe y hacer algo como cortar arbustos para que el fuego no se propagara que es lo que se suele hacer; pero no, él corrió rápidamente donde su jefe y se quedó ahí completamente callado mirando cómo las llamas consumían los árboles del lado izquierdo, el caballero que le dio la noticia me miró con cara de pregunta, supongo que yo debo haber tenido la misma cara en ese momento. El caballero preocupado fue donde otro bombero y le dijo lo mismo que al anterior, el bombero dijo: “¡Ah, sí, sí!” el caballero con cierta ironía le dijo “Oiga, pero recién me dijeron lo mismo y no hicieron nada” y el bombero le respondió: “¡Ah, no, no!” y partió corriendo (fue bastante para la risa ese diálogo).

Bueno, el bombero avisó a alguien de civil (creo que era bombero también) pero no hicieron nada, ya que comenzó un mini show con unas mangueras. Dieron la orden de que había que dejar las mangueras paralelas para cuando llegara el carro con agua, pusieron las mangueras pero quedaron torcidas, tras un rato llegó otro tipo de civil y retó a los bomberos por la posición de las mangueras, nuevamente hubo que acomodarlas. Luego no sé exactamente cómo casi todos los bomberos se agruparon en torno a uno que se había acercado mucho al fuego y al humo (mientras no había agua) y había quedado medio ahogado. Le sacaron la chaqueta, el casco, algo de ropa y todos se quedaron ahí observándolo, mientras las llamas consumían cada vez más los matorrales a ambos lados del terreno. Pasado unos 25 minutos desde el show de las mangueras llegó el carro con agua, entro al terreno como cual Duck de Hazard realizando una maniobra para quedar justo al alcance de las mangueras, bueno, el hombre del carro puso reversa y quizás no me lo crean pero tengo una foto, el tipo chocó con un arbusto y quedó bastante lejos de las mangueras y además el arbusto impedía que se subieran con agilidad a la parte de atrás del carro para conectar el agua. No sé bien qué pasó, pero ese carro tal como llegó se fue, después llegó otro carro que intentó la misma maniobra del anterior y nuevamente chocó con el mismo arbusto, la diferencia fue que con él sí apagaron el fuego del lado derecho del terreno y que ya estaba bastante avanzado. Eso sí, un bombero apagaba las llamas y los demás seguían mirando el espectáculo cerca de las casas.

Por la cantidad de curiosos que había en el lugar pusieron a unos carabineros para resguardar el orden, los cuales por sugerencia de uno de los bomberos jefe nos desalojó a todos al darse cuenta de que toda la conversación de la gente giraba en torno a la ineptitud bomberil. La gente tiraba tallas, unos mostraban sin empacho su malestar, el personaje borracho de Van Buren insultaba a Carabineros y a Bomberos por igual, por ello me di la vuelta por el otro lado de la calle sólo para darme cuenta que la situación era bastante parecida, bomberos sentados en las veredas encontrándose con amigos, otros discutiendo porque no sabían quien estaba usando tal o cual manguera (atrás del carro había un enredo de ellas), etc. Lo bueno es que de este lado si estaban echando agua.

Desde que comencé a tomar fotos hasta que decidí volver a casa ya habían pasado unas tres horas y media y aún ese humo celeste y el sonido de llamas se podía percibir. En fin, con detalles más, detalles menos así termina el relato de las peripecias de los bomberos de nuestra región en el incendio del 2 de julio, además como guinda de la torta al día siguiente vi en las noticias a ese periodista regordete de Red Atacama y Holvet (Omar Orellana, creo) diciendo que gracias a la oportuna acción de Bomberos el incendio pudo ser controlado eficazmente…

Como decía en un comienzo este conjunto de situaciones me dan una idea más o menos acabada de por qué a un incendio se le suele llamar Siniestro…

30 junio, 2006

Tsunami

Estaba soñando con el mar, un sueño recurrente en el que me acompaña un intenso temor a que el mar se convierta en una ola gigante y nos devore a todos por igual. De hecho siempre el mar es amenazador, no siempre nos devora aunque muchas veces sí lo hace.

Recuerdo que una vez soñaba con un típico día de playa, señoras regordetas, niños negritos, caballeros de abdomen prominente bebiendo jugo de naranja en una botella de Coca-cola, y cosas por el estilo. Mientras tanto mi familia y yo caminábamos por la playa buscando un buen lugar donde dejar caer las toallas y las mochilas para luego irnos a bañar al mar, desde luego el mar parecía tranquilo aunque como de costumbre el temor al tsunami me llenaba por completo. Miraba las olas dejarse caer y sentía que tarde o temprano una de ellas crecería desmedidamente y arrasaría sin discriminación con todo a su paso. Pues bien, la sensación de desastre potencial llegó a su fin cuando una de aquellas olas se veía notablemente más oscura que las anteriores, una oscuridad negruzca que denotaba un volumen de agua desmedido; un par de segundos pasaron luego de aquel avistamiento cuando la ola en cuestión se fue contra nosotros dejándonos a todos con el agua hasta el cuello. Claramente esto era el preludio del desastre absoluto, un Apocalipsis veraniego estaba recién comenzando.

Desde que tengo hermana chica ella se ha convertido en el símbolo o emblema de lo que debo proteger aún costándome la vida, o más bien protegiendo mi vida a toda costa para no dejarla a ella en desamparo, digo esto porque a veces entregarse a la muerte resulta hasta reconfortante, siendo el morir una puerta de escape frente a muchas situaciones difíciles. El punto es que a ella la tomo de la mano e intento acercarme a la nueva orilla del mar que ahora, por efecto de la mal intencionada ola, está a varias decenas de metros más adelante de su ubicación original; logro finalmente llegar a la orilla y entre tanto el mar amenaza siniestramente con olas que cuando se dejan caer fracturan el fondo marino sonando como truenos. Da bastante miedo, lo puedo asegurar. Logro llegar al Fiat 147, que usábamos como vestidor siempre que volvíamos con la ropa mojada de la playa y me dispongo a conducir, conduzco unos 20 minutos llegando a unos edificios departamentales de más o menos 50 pisos (nunca dije que estuviéramos en Caldera) creyendo inocentemente que cuando llegáramos al piso número 50 no habría ola que pudiera alcanzarnos. Me dispongo entonces subir hasta aquel piso del edificio llegando bastante agotado.

Mi pequeña hermana lloraba bastante, intentando salvarla a ella no reflexioné respecto al hecho de que mis padres jamás pudieron salir del agua luego de la primera embestida del maligno mar, no sabía qué decirle en realidad, bastante choqueado estaba yo con toda la situación y realmente qué se le puede decir a una chica de 12 años cuando sus padres han muerto trágicamente. Bueno, las lamentaciones duraron lo que dura una salchicha frente a un perro hambriento, ya que desde el piso 50 al mirar por una ventana hacia la costa y vi que un Leviatán Hídrico se aproximaba arrasándolo todo, una ola gigantesca digna de cánticos bíblicos del fin del mundo que con sus cientos de metros de altura y millares de toneladas cúbicas avanzando a cada segundo se proyectaba como un castigo divino dispuesto a borrarlo todo sobre la tierra.

Sin pensar demasiado abrazo a mi hermana diciéndole que espere y que cuando comience el terremoto sólo procure sujetarse fuertemente de mí. Así es como comienza entonces a escucharse el rugido del castigo hídrico de Dios acercándose rápidamente, el suelo comienza a temblar, luego a desgarrarse, seguido a ello el cielo se oscurece: “La ola ya es sobre nosotros”

Extrañamente en los sueños hay veces en que uno sabe que tiene dos opciones mientras se desarrollan los hechos, sobre todo cuando estos se aproximan al clímax. Una de esas opciones es seguir hasta el final, enfrentar todo lo que haya que enfrentar y esperar luego sólo la pantalla de los créditos con el fin de la película; la otra es aceptar que simplemente no pudimos con nuestro temor, que el miedo supera todo orgullo y vergüenza y simplemente despertar justo antes del momento clave.

Pues qué puedo decir, esta vez como en muchas otras ocasiones, decidí despertar. No es que sea un cobarde, es que mis opciones se traducían en Opción 1: comprometer mi estado de salud haciendo que mi corazón latiera hasta casi estallar y seguir torturando a mi hermana hasta el encuentro con una muerte violenta, y Opción 2: saber qué se sentía ser arrollado por una ola gigante. Bien, si hay algo que puedo sacar en limpio después de esta experiencia onírica es que aún en situaciones extremas tengo la capacidad de mantener la sensatez.-

El miedo desmedido al mar que tengo en mis sueños es algo bastante extraño, bastante difícil de interpretar, aunque el tópico es bastante común en esos libros de sueños que se publican cada cierto tiempo. Mi madre decía que ese miedo era algo que debía enfrentar, me preguntaba si había intentado enfrentar el mar en alguna oportunidad y la verdad es que sí lo he hecho, a decir verdad siempre que voy a la playa enfrento aquellas olas que con mucha violencia caen sobre mi cuerpo y a veces me arrojan y hacen que me golpee contra el fondo marino como un peluche dentro de la lavadora. No hay sensación de miedo, al contrario, lo disfruto de sobremanera. También he acampado a orillas del mar, he escuchado el sonido de las olas en la total oscuridad y la verdad es que lo considero hasta relajante.

Mi madre decía entonces que el mar representaba algo que tenía en situación de conflicto, y que debía encontrar qué era y seguramente el resolver aquella situación haría que me quitara un gran peso de encima, un peso que se manifiesta en mis sueños como una ola gigante que cae sobre mí sin compasión alguna. Considero lo dicho por mi madre algo bastante acertado, el punto es que es difícil leer la carta cuando aquella personalidad del inconciente nos manda mensajes en su propio lenguaje, aquel lleno de símbolos y subjetividades.

The End

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