04 diciembre, 2010

Experienciar

Corría el año 93 bajo el mes de julio o agosto, hacía una de esas tardes frías a punto de lluvia cerca del mar, debe haber sido un día hábil de la semana, pues como había sido la costumbre familiar por esas épocas, nadie había en casa excepto yo. Por razones que desconozco no hubo electricidad por horas, y a eso del atardecer, cuando la luz se hacía escasa, las posibilidades de caer completamente en el aburrimiento aumentaban exponencialmente. Por ello es que busqué pilas de las grandes por toda la casa para encender aquella radio roja IRT de emergencia que teníamos quién sabe por qué, asalté a dos linternas y a un par de juguetes y comencé con el ritual del movimiento del dial. El corte eléctrico debió haber sido grande, pues de ninguna de las radios locales recibía señal, por ello es que fui a buscar algo para escuchar a la pieza donde guardábamos todo aquello que no tenía lugar útil en otra parte de la casa, la pieza de los cachureos, cajas embaladas, bolsas de ropa, lavadoras viejas y demás. Fue ahí, cerca de la enceradora y la caja con discos de The Beatles, que estaban esos casetes, muchos de los cuales eran negros y tenían etiquetas gastadas, ilegibles; reconocí en ellos muchas melodías y canciones populares, varias grabaciones accidentadas de radio a radio, procedimiento de grabación pirata anterior al casete a casete, y entre aquellas grabaciones, unas mejor logradas que otras, encontré aquella canción.



Con ciertos aires de melancolía y un piano particular, una voz emotiva cantaba:



"Mama la libertad,


Siempre la llevarás


Dentro del corazón.


Te pueden corromper,


Te puedes olvidar,


Pero ella siempre está"



A veces el sentido se impone por sobre la razón, y es entonces cuando nuestro organismo resuena con emoción sin que las palabras alcancen para explicar el por qué. Sucede que a los 13 años seguí atento la escucha de aquella canción, y la sensación de sentido me llenaba como una cascada a un cántaro vacío. Hoy, 17 años más tarde desperté cantando esa canción que ya había sido escrita hace tiempo atrás, y sentí que era necesario escucharla una vez más.



Quiero compartir con ustedes esta canción, quiero contarles también que pasaron más de 10 años para enterarme de cuál era su título y quien había sido el autor; hoy sé sin embargo, que el responsable había sido un genio, no de los consolidados sino de los discutibles, aquellos que por su vida confusa y plagada de excesos nos hace reflexionar más, aquellos que incorporan uno de los elementos más importantes en la búsqueda del conocer: la duda.



He aquí un fragmento vivencial, algo significativo en mi experienciar:








14 julio, 2010

Walk in silence…



(Joy Division - Atmosphere)

Al ir llegando al final del proceso lo único que va quedando es esa sensación de vacuidad creciente, esa sensación tan odiosa y tan familiar a la vez.


Ya estoy cansado de sus diálogos...

26 abril, 2010

Una espera necesaria

Estaré esperando afuera, escuchando medias canciones o leyendo un libro. Puede que sólo tenga mi cámara fotográfica alrededor del cuello, con la correa detrás de mi pollerón café. Puede que haga frío, y qué bueno sería que lo hubiese, pues los brazos cruzados y la cabeza cubierta con algo de algodón resultan bastante cómodos. También es bueno que camine gente alrededor, no demasiada, pero sí lo suficiente para distraer mi mente durante la espera, que me permitan imaginar retratos en blanco y negro o sepia. Estaré esperando afuera, quizás algo pálido y con los ojos a medio abrir, como cuando el sol de las seis encandila. Estaré vestido con jeans y una chaqueta con suficientes bolsillos, no es que necesite demasiados, sólo llevaré mi teléfono, además estará la mochila, una extensión más de mi cuerpo.



Esperaré al atardecer, para luego sentir entrar el frío de la noche, que atraviesa y me obliga a presionar un poco más los brazos. Observaré las luces artificiales entre los árboles otoñales e imaginaré fotografías, quizás me levante y camine alrededor de la banca de siempre y tome algunas fotos.

Veré pasar odiosos colectivos y microbuses que sin palabras me dirán que no hay razón para seguir esperando, que es mejor que me vaya, pero yo seguiré ahí, porque yo sé algo que ellos no, yo tengo la clave de la espera y nadie más que yo sabe lo importante que es eso. Y los colectivos y microbuses no se detendrán, porque así son ellos, y me verán más de una vez en el mismo lugar tras su recorrido, pero yo los miraré e imaginaré fotografías, jugaré con los tiempos de exposición y las luces, y seguiré viendo gente pasar, y seguiré saludando a los perros callejeros, porque mientras ellos pasan yo estaré ocupado con mi espera.

Yo sé en el fondo que no vas a aparecer salvo si es por alguna coincidencia, y sé que de ocurrir aquello sólo habrá un microscópico cruce de miradas y con algo de suerte un saludo con las manos y basta, pero no hace falta que te involucres demasiado en esto, no es necesario que alguien trate de entender mi espera, porque sólo yo tengo la clave de ella.

Se hará tarde y deberé marcharme, y mis ojos estarán a medio abrir y distantes, y observaré con algo de tristeza a aquellos que vea por la ventana del colectivo o microbús y que no están solos, porque quisiera ser como ellos. Pero pensaré en que yo tengo mi espera conmigo, que en definitiva es el único cable que me conecta con el último sentimiento honesto que he tenido.

Entonces, será hasta otro atardecer…

28 marzo, 2010

Música

Soñé con la mejor composición musical que he escuchado en mi vida, al despertar pude tararearla por unos segundos, pero al tratar de registrarla se me fue, como se va el manto de la noche al llegar el amanecer, sin poder hacer nada al respecto. Pensé que si lograba reproducirla alguna vez habría podido crear un canal directo con el mundo donde tienen lugar mis sueños... el último santuario.

En Paprika, una película de animé decían que el sueño es el último santuario inviolado del ser humano. Pocas frases me han hecho reflexionar tanto.

01 diciembre, 2007

Lugares Difusos Dramatizados

A veces, acompañado por la música adecuada o el silencio preciso, comienzan a aparecer en mi cabeza recuerdos como imágenes borrosas del pasado, y así a falta de brisa que disperse la niebla y permita ver con claridad, los espacios poco claros son llenados con piezas impregnadas de mi estado de ánimo inmediato; de este modo tal como un dibujo es la dramatización de una imagen retenida en la mente, mis recuerdos se vuelven dramatizaciones de los momentos vividos en el pasado.

Es difícil saber cuánto es que he perdido la perspectiva de la realidad, de los momentos vividos, es triste pensar que a veces los recuerdos están tan matizados que pierden lo que los hace valiosos, el que son el reflejo de realidades, de lo vivido, certezas que hoy mismo parecen diluídas. ¿De qué me he alimentado todo este tiempo? ¿Son las circunstancias las que me han hecho como soy, o soy el resultado de tendencias naturales e inperceptibles que dramatizan aquello que recuerdo?

22 septiembre, 2006

El evangelio de la gente sola


1) Camino a casa desde asiento veintidós. 2) Un hombre que recibe las migajas de los demás. 3) Pedazo de madera y pedazos de cemento, ambos destrozados. 4) Ser sobre el suelo quebrajado, estático. 5) Un aviso muerto en su utilidad. 6) Lo que alguna vez fue, la sombra del individuo. 7) La promesa de la trascendencia. 8) El ocaso del día. 9) La luz que enceguece a quien osa mirarla de frente. 10) La inercia del día a día sin emoción. 11) Perros: los mejores amigos entre sí. 12) Cuadrados y perspectivas, niveles altos y bajos. 13) La soledad, el juego abandonado. 14) Grito de auxilio, grito desahuciado de quien espera ser acogido. 15) La ciudad desde lo alto, la perspectiva de Dios. 16) El campo que no es más que otra edificación humana. 17) Arte bajo el sol que pierde su forma. 18) Rosas artificiales entre paredes de un hogar artificial. 19) Gente, tan distinta entre sí y tan similares por lo mismo. 20) Acumulación de escombros, escombros con historia y escombros sin ella. 21) Dormir en cualquier parte, lujo perdido. 22) Cartel descuidado, propaganda patética. 23) Voluntad de irse, de dejar lo que no gusta. 24) Perspectiva entre árboles, cemento y pavimento. 25) Conmemoración dolorosa, recuerdo por Carolina Tapia. 26) Seudo ángel dentro del basurero. 27) Temor a la oscuridad, salvaguarda de ella. 28) Perspectiva, carretera y hombres trabajando. 29) Ocasional, inmortalización de un segundo. 30) Descanso interrumpido, contraste entre la vida y lo inerte. 31) Árboles y niebla, lo que se ve y lo que se cree ver. 32) Casa de la cultura, gente apurada, día de nieve (ensueño). 33) Arte de bancas en la nieve, arte sobre la soledad. 34) No cotidiano, imagen derruida en la cima. 35) Escenario común, paisaje indiferente. 36) Colores vivos para una ventana oscura. 37) Perspectiva, atardecer en segundo plano. 38) Perspectiva, Torre Flamenco, posibilidad sugerente de salto. 39) Tramos cortos con paisajes y arte casual. 40) La cama, lugar de descanso y agitación, santuario de nuestro interior.-

07 agosto, 2006

La cama, el cielo y el suelo

La cama: Sábanas, una almohada, una funda, un almohadón, cabecera de madera, sábanas calipso, frazadas, un plumón y un cobertor, algo de ropa sobre él.

A veces me encuentro dentro de mi habitación en silencio, tendido en la cama con una mirada que no busca nada y no pretende buscar, un lapso donde nada me llama y nada me despide, es lo que algunos definen como un momento sin tiempo. En este instante atemporal dejo de pensar y sólo me limito a escuchar pasivamente los sonidos dentro de mi mente. Escucho entonces las demandas, las disculpas, la angustia, el temor, el deseo, y todo lo demás. Todo aquello en su forma inicial, el tiempo cero de mis reacciones.

El cielo: Blanco, añoso, desgastado, una ampolleta al centro, sin pantallas, sin candelabros. Manchas de humedad y manchas del tiempo en él.

Me levanto de la cama, frente al espejo echo agua sobre mi rostro, tomo todo lo que sea útil y salgo de casa. Y si en el jardín la hierba está crecida está la espada para cortarla, y si mis pasos son lentos y cansados entonces puedo volar, y si contra mí se vuelve toda el agua del mar pues puedo congelarla. Ya no soy yo, sino todas las virtudes y perversidades que aparecen dentro cuando las nubes cubren el cielo. Cuando las nubes cubren el cielo una flecha de luz o de sombra despeja la luna o el sol.

Y el suelo: Destruido por el tiempo, camuflado, alfombrado gris y desgastado, espacios invisibles, todo está sobre él.

Pero despierto de las ilusiones, vuelvo a ser yo y ya no es una flecha de luz o de sombra, la virtud y la perversidad se tornan mínimas y si la hierba está crecida ya no está la espada para cortarla, sino sólo mis manos desnudas. Y vuelvo a ser yo destruyéndome con el tiempo, alfombrando de gris mis anhelos y ambiciones, exiliándolos a lo invisible. El hombre que soy yace en una cama, creyendo que es capaz de salir de casa pero siendo incapaz de realizarse más allá de delirios y quimeras.-

  © Blog Design by Simply Fabulous Blogger Templates

Back to TOP